La afasia en adultos es un trastorno del lenguaje que aparece cuando se produce un daño cerebral en las zonas que coordinan la comunicación. Puede afectar a la manera en que una persona habla, comprende, lee y escribe, y su impacto suele ser alto porque interfiere directamente en la vida diaria: conversaciones, trabajo, gestiones, relaciones y autonomía.
Un aspecto clave es cómo comienza. Si los problemas para comunicarse aparecen de forma repentina, no conviene esperar: puede ser un signo de un problema neurológico agudo que requiere valoración sanitaria urgente.
Una vez la situación médica está estable y se ha realizado la evaluación correspondiente, la rehabilitación del lenguaje con un profesional especializado logopeda, forma parte del abordaje. El objetivo es mejorar la comunicación funcional: aprovechar habilidades conservadas, recuperar capacidades cuando sea posible y entrenar estrategias para reducir barreras en el día a día.
¿Qué es la afasia en adultos?
La afasia es un trastorno del lenguaje causado por un daño en las áreas del cerebro responsables del lenguaje. Ese daño puede provocar dificultades para expresarse y/o comprender el lenguaje, y también afectar habilidades como la lectura y la escritura.
Qué puede dificultar en el día a día
En la práctica, una persona con afasia puede tener problemas para encontrar palabras, construir frases, entender lo que le dicen o manejar el lenguaje escrito (leer o escribir). Estas dificultades pueden variar en intensidad y en la combinación de áreas afectadas.
Afasia y otros trastornos del habla/lenguaje que pueden coexistir
Las afasia adultas puede presentarse junto con otros trastornos de la comunicación. En algunos casos, además de las dificultades lingüísticas, pueden coexistir alteraciones del habla relacionadas con la planificación o la ejecución motora del habla, lo que puede afectar a la articulación.
Causas más frecuentes de afasia en adultos
La afasia aparece cuando se produce daño en las áreas del cerebro que coordinan el lenguaje.
Ictus / accidente cerebrovascular
En adultos, el ictus, isquémico y hemorrágico, es la causa más frecuente. Cuando el riego sanguíneo del cerebro se interrumpe o se altera, las neuronas pueden quedar sin oxígeno y nutrientes, y si el área afectada está relacionada con el lenguaje, pueden aparecer dificultades para hablar, comprender, leer o escribir.
Traumatismo craneoencefálico
Un traumatismo craneoencefálico también puede desencadenar afasia. Tras una caída, accidente o golpe, puede alterarse el funcionamiento de las redes cerebrales del lenguaje y aparecer dificultades en la comunicación.
Tumor cerebral
Un tumor cerebral puede causar afasia cuando afecta de forma directa a áreas del lenguaje o a sus conexiones. A diferencia de causas bruscas, aquí es más habitual que los síntomas aparezcan progresivamente: el lenguaje puede ir perdiendo precisión, la persona puede tardar más en expresarse o tener dificultades en encontrar la palabra que desea emitir.
El patrón y la velocidad del cambio dependen de la localización y evolución del proceso.
Infección o inflamación cerebral
Las infecciones o procesos de inflamación del cerebro pueden afectar la comunicación si comprometen regiones implicadas en el lenguaje. En estos casos pueden aparecer dificultades de comprensión o expresión y, según la gravedad y la evolución, los síntomas pueden ser temporales o dejar secuelas.
Procesos degenerativos y afasia progresiva primaria
En algunos adultos, la afasia forma parte de procesos neurodegenerativos, donde el lenguaje se deteriora de forma progresiva. Puede comenzar con dificultades sutiles (por ejemplo, encontrar palabras o mantener la fluidez) y avanzar con el tiempo.
Cuando el lenguaje es el primer síntoma predominante y va empeorando, se habla de un cuadro específico en el que la evolución y las necesidades de intervención suelen requerir un plan de rehabilitación y apoyo adaptado a cada etapa.
Episodios temporales
Hay situaciones en las que las dificultades de lenguaje aparecen en episodios y luego mejoran. Un ejemplo es el accidente isquémico transitorio (AIT), donde el flujo sanguíneo se bloquea de forma temporal y después se restablece. Durante ese intervalo pueden aparecer problemas para hablar o comprender que duran un tiempo limitado.
Aunque se recupere, no se debe normalizar: si una persona presenta un episodio así, es una señal que debe valorarse porque puede asociarse a riesgo de un evento vascular posterior.
La causa marca el ritmo: si aparece de golpe, es una alarma; si aparece poco a poco, hay que estudiar el origen. En ambos casos, cuanto antes se entienda qué está pasando, antes se puede orientar la rehabilitación del lenguaje.
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Síntomas y señales de la afasia en adultos
La afasia no se reduce a “hablar mal”. Es un trastorno del lenguaje que puede afectar de forma distinta a cada persona, y puede tener déficits en varias dimensiones.
Algunos síntomas del lenguaje
- Hablar con frases muy cortas o incompletas, o con un esfuerzo evidente.
- Decir frases que no encajan o que pierden sentido.
- Sustituir palabras o sonidos, usar palabras inadecuadas o que no se entienden.
- Tener dificultad para encontrar la palabra exacta.
- No comprender bien lo que otras personas dicen, sobre todo si hablan rápido o hay ruido.
- Problemas para leer (y entender lo leído) o para escribir con coherencia.
Por qué la presentación puede variar entre personas
La afasia cambia de una persona a otra porque depende de qué parte del cerebro está afectada y de la extensión del daño. Por eso, dos adultos con afasia pueden presentar perfiles diferentes: uno puede comprender bien, pero hablar con dificultad; otro puede hablar con fluidez pero decir cosas sin sentido o entender poco.
En la práctica, además, es frecuente encontrar combinaciones de síntomas, y lo más útil para planificar la terapia es describir con precisión qué habilidades se mantienen y cuáles están alteradas.
Tipos de afasia en adultos
Dos grandes categorías: afasia fluente y no fluente
La afasia suele describirse usando una clasificación en dos grandes categorías: afasia fluente y afasia no fluente. Dentro de esta clasificación se encuadran subtipos clásicos como la afasia de Wernicke (fluente) y la afasia de Broca (no fluente).
Aun así, no todas las personas encajan de forma perfecta en una sola etiqueta: existen otros subtipos y también presentaciones mixtas o no especificadas.
Afasia fluente
Afasia de Wernicke
En la afasia de Wernicke, el habla puede sonar fluida y con oraciones largas, pero el contenido puede no tener mucho sentido. Pueden aparecer palabras innecesarias o incluso palabras inventadas, lo que hace que en ocasiones sea difícil seguir lo que la persona intenta comunicar.
Además, suele haber dificultad para comprender el lenguaje, ya sea hablado, escrito o de señas, y con frecuencia la persona no es consciente de los errores que está cometiendo al hablar.
Otras afasias fluentes pueden ser Afasia de Conducción, Afasia Anómica y Afasia
Transcortical Sensorial
Afasia no fluente
Afasia de Broca
En la afasia de Broca, la expresión suele ser más costosa: se tiende a producir frases cortas, con gran esfuerzo, y a menudo se omiten palabras funcionales como artículos o conectores.
En comparación con la afasia de Wernicke, por lo general la comprensión del lenguaje resulta más fácil, aunque pueden persistir dificultades con el lenguaje hablado, escrito o de señas. Es habitual que la persona sea consciente de sus dificultades y pueda sentirse frustrada.
Afasia Global
La afasia global se asocia a un daño cerebral de gran extensión afectando a áreas cerebrales relacionadas con el lenguaje. En estos casos puede haber grandes dificultades para comunicarse, con una capacidad muy limitada para producir y comprender lenguaje.
La persona puede no ser capaz de decir más que unas pocas palabras o repetir un conjunto reducido de palabras o frases, y también puede tener dificultades para comprender incluso lenguaje sencillo (hablado, escrito o de señas).
Otras afasias no fluentes pueden clasificarse en Transcortical Motora, Transcortical Mixta.
Afasia Progresiva primaria
En esta tipología, la afasia puede aparecer a medida que la enfermedad avanza y afecta las áreas del lenguaje.
Existe un cuadro específico en el que la afasia puede ser el primer síntoma y el más notorio: la afasia progresiva primaria, que empeora con el tiempo y puede llegar a una pérdida importante de la capacidad de usar el lenguaje. Con la progresión, pueden aparecer otros síntomas cognitivos, conductuales o del movimiento.
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Diagnóstico: cómo se evalúa la afasia en adultos
Identificación inicial y exploración
En muchos casos, la afasia se detecta durante la atención médica tras una lesión cerebral. El personal médico puede identificar signos de dificultad para comunicarse y realizar una primera comprobación del lenguaje para orientar la sospecha.
En esa exploración inicial se valora, de forma sencilla, si la persona puede seguir indicaciones, responder preguntas, nombrar objetos y mantener una conversación. Estas tareas permiten observar rápidamente cómo está la comprensión y la expresión.
Pruebas de imagen (RM/TC)
Si hay signos compatibles con afasia, pueden solicitarse pruebas de imagen para localizar o comprender mejor el daño cerebral relacionado. Entre las pruebas que se mencionan para esta evaluación están la resonancia magnética (RM) y la tomografía computarizada (TC), usadas para identificar lesiones y ayudar a determinar el origen del problema.
Evaluación completa del lenguaje por especialista
Cuando se sospecha afasia, se recomienda una evaluación completa de las habilidades de comunicación por un logopeda. Esta evaluación permite describir con precisión las capacidades y dificultades de la persona y orientar la intervención.
En esa valoración se analizan tareas como nombrar, comprender y usar palabras, repetir, seguir instrucciones, leer y escribir, entre otras, para perfilar el tipo de dificultades y planificar la rehabilitación.
Tratamiento y rehabilitación: qué puede aportar la logopedia
Tras un ictus u otra lesión cerebral, pueden producirse mejoras en la comunicación durante los primeros meses, recuperación espontánea incluso sin tratamiento, por cambios que ocurren en el cerebro durante la recuperación.
Aun así, en una parte de los casos la afasia persiste más allá de esa fase inicial y se convierte en un problema de larga duración (afasia crónica), con necesidad de apoyo y rehabilitación mantenida según cada situación.
Objetivo de la terapia
La finalidad de la intervención es mejorar la comunicación. Esto incluye aprovechar las habilidades que se conservan, recuperar capacidades cuando sea posible y aprender formas alternativas de comunicarse cuando ciertas funciones quedan limitadas.
Estrategias y comunicación alternativa
La rehabilitación puede incorporar recursos de comunicación alternativa o aumentativa, como gestos, imágenes, cuadernos y dispositivos electrónicos. También puede apoyarse en tecnología (por ejemplo, herramientas digitales para facilitar la comunicación o modalidades de atención a distancia cuando sea apropiado), con el objetivo de reducir barreras comunicativas en la vida diaria.
Actividades y apoyo
Además del trabajo terapéutico, participar en actividades estructuradas puede contribuir a recuperar confianza comunicativa y bienestar social. Se mencionan ejemplos como clubes de lectura, grupos de tecnología, coros, actividades artísticas o teatro, y también la utilidad de los grupos de apoyo para la persona y su entorno.
La implicación de la familia y cuidadores suele ser un componente clave, aprendiendo estrategias para facilitar la comunicación y adaptarse a las necesidades reales de la persona con afasia.
Factores que influyen en la mejoría
La evolución puede depender de factores como la causa del daño cerebral, el área afectada y la extensión del daño, además de la edad y el estado general de salud. También influye el acceso a la terapia y el apoyo disponible para sostener la rehabilitación y la comunicación en el día a día.
Da el primer paso: valoración profesional del lenguaje
Cómo comunicarse con una persona con afasia (guía para familiares y cuidadores)
Reglas prácticas de comunicación
Cuando convives o acompañas a una persona con afasia, el objetivo no es “hablarle más” sino hacer la comunicación más accesible. Estas pautas ayudan a reducir malentendidos y a que la persona tenga más oportunidades reales de participar:
- Simplifica el lenguaje: usa frases cortas y sencillas y ve al grano (una idea por frase).
- Mantén un tono natural: habla con un tono normal, adecuado para un adulto; evita infantilizar.
- Reduce distracciones: busca un entorno tranquilo y baja ruidos de fondo (televisión, radio, conversaciones paralelas).
- Repite o anota palabras clave cuando haga falta: si una idea se atasca, repítela con otras palabras o escribe una palabra clave para apoyar el significado.
- Incluye a la persona en las conversaciones: no hables “sobre ella” como si no estuviera; cuenta con su presencia y su turno.
- Pide y valora su opinión: especialmente en decisiones familiares o temas que le afectan directamente.
- Evita corregir constantemente: corregir cada error suele bloquear el intento de comunicar; prioriza entender el mensaje.
- Dale tiempo: deja pausas reales para que responda; no presiones ni aceleres la conversación.
- Fomenta cualquier vía de comunicación: además del habla, pueden servir gestos, señales, dibujos o apoyos visuales.
Recomendaciones complementarias
Además de lo anterior, hay estrategias muy concretas que suelen facilitar el día a día:
- Habla más lento y simplifica oraciones para que la persona tenga más margen de procesamiento.
- Empieza con conversaciones individuales, sobre todo al principio, para reducir la carga de ruido y turnos.
- No termines sus frases ni “adivines” continuamente: si necesitas confirmar, haz preguntas para verificar qué quiso decir.
- Ten a mano papel y bolígrafo: escribir palabras clave o frases cortas puede desbloquear una idea.
- Apóyate en dibujos, gestos o señalar objetos cuando el lenguaje se atasque.
- Comprueba si te entendió: resume lo hablado o pregunta de forma sencilla para confirmar.
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Preguntas frecuentes
¿La afasia es un signo de algo grave?
Puede serlo, especialmente si aparece de forma repentina. En ese contexto puede indicar un problema médico importante (por ejemplo, un ictus), por lo que no conviene “esperar a ver si se pasa”.
¿La afasia puede ser temporal?
Sí, en algunos casos puede presentarse de manera transitoria. Se describen episodios temporales asociados a situaciones como un accidente isquémico transitorio (AIT), y también se contempla que las dificultades del lenguaje pueden durar horas o días y luego mejorar.
¿La afasia afecta la inteligencia?
No. La afasia es un trastorno del lenguaje y la comunicación; que una persona tenga dificultades para expresarse o comprender no significa que tenga problemas cognitivos.
¿Quién debe tratar la afasia?
La rehabilitación del lenguaje se trabaja con un profesional especializado en habla y lenguaje (patólogo del habla y del lenguaje / logopeda). Habitualmente, tras la valoración médica, se deriva a este especialista para evaluación y rehabilitación.
¿La familia tiene un papel en la terapia?
Sí. La participación de familiares y cuidadores se considera un componente esencial, porque gran parte de la mejora práctica ocurre en conversaciones reales del día a día, usando estrategias aprendidas.
Cuándo pedir una valoración
Si notas dificultades para hablar, comprender, leer o escribir, la prioridad es diferenciar si el inicio ha sido repentino. En ese caso, es importante buscar atención médica urgente.
Cuando la situación está estabilizada o si las dificultades ya se han establecido tras una lesión, una valoración logopédica especializada ayuda a definir el perfil de comunicación (fortalezas y necesidades) y a planificar una rehabilitación realista centrada en mejorar la comunicación funcional en casa, en lo social y en el trabajo, sin prometer resultados “milagro” y adaptando el plan a cada persona.



